Desplegar sin desmayar

Este no es un artículo técnico. Es una invitación a pensar. Especialmente para quienes lideramos proyectos, piloteamos entregas y sabemos que el Go Live es ese momento mágico (y aterrador) donde todo lo invisible decide hacerse notar… de golpe, donde todo lo que se ignoró, se pateó, se prometió y se parchó... aparece como protagonista. Pero tranquilos, no venimos a dramatizar. Venimos a poner orden.

 

Porque si algo distingue a quienes logran desplegar sin desmayar, es que no dejan el éxito del Go Live en manos de la suerte, ni del azar, ni de ese colega que dijo "yo lo tengo listo para mañana sin falta".

 

¿Por qué sabemos lo que sabemos hoy? Fácil: porque ya nos dimos contra la pared un par de veces. Nadie aprende de verdad sin equivocarse, y los proyectos no son la excepción.

 

Una de las experiencias más crudas que me tocó vivir fue liderando un despliegue donde, a última hora, alguien —con toda la buena intención del mundo— decidió que debíamos meter una funcionalidad extra “por seguridad”. Las instrucciones fueron claras: "esos ajustes son transparentes, no impactan nada." Impactó todo.

 

Lo que se suponía que iba a mejorar la seguridad terminó tumbando la operación completa de una empresa. Y claro, en ese momento hacer rollback “no parecía necesario”. Varias horas más tarde, ese “no parecer necesario” se convirtió en el error más grande en el que he participado.

 

La lección fue brutal pero valiosa: confiar ciegamente en que algo “no va a afectar nada” es exactamente lo que puede arruinarlo todo. Pudimos resolverlo, sí. Pero después de muchas horas de angustia, arrepentimiento y esa cara de “¿por qué no lo vimos venir?”.

 

Desde ese día, cada cambio lleva su proceso, su revisión y su dosis sana de malicia preventiva. Porque a veces, lo que se ve “transparente” puede ser una pared de vidrio a la velocidad de la luz.

 

Usted, querido lector, forma parte de una comunidad valiosa: la de los líderes. Líderes que cargan con una responsabilidad enorme (y a veces subestimada). Por eso quiero compartirle algunos aprendizajes que no vienen de los libros, sino de la trinchera —de esa experiencia que se gana a punta de aciertos… y también de errores.

 

1.El despliegue no empieza el día del despliegue

 

Usted ya lo sabe, pero igual lo vamos a repetir: el despliegue empieza mucho antes. Empieza cuando se acuerdan los entregables, cuando se define el alcance, cuando se documenta bien (o no). Lo que usted haga o deje de hacer semanas antes, lo va a perseguir. Y no con buena voluntad precisamente.

 

2.Tareas, entregables y el club del "ya casi"

 

¿Cuántas veces ha llegado al despliegue sin tener claro qué se está entregando exactamente? Sea honesto. La gestión de entregables no es un detalle, es supervivencia. Tener claridad sobre lo que está terminado, revisado y validado es lo que diferencia una implementación ordenada de una improvisación con consecuencias.

 

3.¿Quién aprueba qué? La reunión que nunca se hizo y ahora hace falta

 

Pocas cosas retrasan tanto un despliegue como la frase "esperemos que lo aprueben". Si usted no tiene claro quién tiene la última palabra (y si esa persona está de vacaciones), está construyendo sobre arenas movedizas. Tenga el mapa de aprobaciones al día, y por las dudas, un plan B.

 

4.Las pruebas no son un trámite

 

Pruebe. En serio. Y no nos referimos a "ver si todo se ve bien". Nos referimos a escenarios reales, a casos límite, a validaciones con quienes realmente van a usar lo que se entrega. Porque si algo va a fallar, que falle donde todavía hay margen para arreglar.

 

5.Checklist o muerte (figurada)

 

Cuando usted hace un despliegue, ¿usa checklist o lo deja a la suerte? Sea sincero. El checklist no es burocracia, es filosofía aplicada. Es asumir que su memoria no es infalible y que el caos es muy creativo cuando se lo subestima. Hágalo. Compártalo. Revíselo. Agradézcalo.

 

6.Comunicación de última milla

 

El despliegue salió bien. Felicitaciones. Pero nadie se enteró. O peor: alguien se enteró tarde y está usando una versión anterior. Comunicar no es solo enviar un correo, es asegurarse de que todos los actores clave sepan qué cambió, cuándo, cómo y para qué. Si no hay alineación, hay retrabajo.

 

7.Desplegar con humildad

 

El despliegue perfecto no existe. Existen los despliegues preparados, los que reconocen que algo puede salir mal y se adelantan a ello. Desplegar con humildad es saber que no hay que demostrar genialidad, sino compromiso. Que la gloria no está en que todo funcione al primer intento, sino en tener la madurez de prever, prevenir y corregir.

 

Desplegar sin desmayar es posible. No se trata de evitar el caos, sino de entenderlo lo suficiente como para no provocarlo. De tener orden, estructura y un poco de sentido común. Porque al final, el despliegue no es una meta. Es una prueba. Y con las pruebas, usted ya sabe: se aprueba o se aprende.

 

¿Y usted? ¡¿Está listo para su próximo Go Live... o está esperando que el universo conspire a su favor?!

 

¿Cuál ha sido el mayor caos que vivió en un despliegue… y qué aprendió de él? Compartamos esas historias que duelen, pero enseñan. Puede que su error sea justo lo que salve el próximo proyecto de alguien más.

 

Brayan Castro, Support Manager de CreditForce

 

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